Bolt lo hace StackBlitz, una empresa que lleva años metiendo entornos de programación dentro del navegador. Su truco se llama WebContainers: un Node.js de verdad que corre en la pestaña, sin servidor detrás. Cuando le pides una app, Bolt escribe el código, instala los paquetes, lo ejecuta ahí mismo y te deja una terminal abierta. Y lo que queda en pantalla es un proyecto de software completo, con sus archivos y sus dependencias.
Se paga por tokens, que es la unidad con la que se mide lo que la IA lee y escribe. El plan gratuito da una bolsa al mes con un tope diario, y los de pago dan bolsas más grandes. Cada petición gasta: una app sencilla puede salir en unas pocas, una con muchos cambios encadenados va comiendo. Para quien programa esto es normal. Para quien solo quiere su web y no sabe qué es un token, es una unidad rara con la que hay que aprender a convivir.
Bolt ha añadido además Bolt Cloud: base de datos, inicio de sesión, archivos y alojamiento dentro del propio producto, para que no tengas que ir a buscar cada pieza fuera. Es un avance real. Pero el resultado sigue siendo el mismo tipo de cosa: una aplicación que tú tienes que entender, conectar a un cobro, dar de alta en Google y vigilar. Bolt te deja en la puerta del negocio con las llaves en la mano. Entrar y abrir es cosa tuya.