Cobrar por WhatsApp
Escríbele cuando le toca a él, no cuando te toca a ti
Sales sabiendo que solo hay un mensaje que no molesta: el que avisa de algo que le toca a él, no el que te conviene a ti.
Tienes su WhatsApp porque ya te compró. La pregunta no es si escribirle otra vez, es qué vas a decirle que no sea "hola, ¿qué tal todo?" o un descuento disfrazado de saludo. Eso lo distingue cualquiera en dos segundos, y el precio de equivocarte no es que te ignore: es que te silencie. Un cliente que te compró una vez y te bloquea por un mensaje inútil está más lejos que uno al que nunca escribiste.
Hay negocios que no vuelven a escribir nunca, por miedo a parecer pesados, y pierden la mitad de las citas que podrían tener sin gastar un euro en anunciarse. Y hay negocios que escriben cada semana con una oferta, y a los dos meses ese número ya no abre sus mensajes. Los dos se equivocan por el mismo motivo: deciden cuándo escribir mirando su calendario, no el del cliente.
La pregunta que filtra el mensaje
Antes de escribir, hazte una pregunta: ¿esto le interesaría igual si no fuera a comprarme nada? Un mensaje que avisa de algo que le toca a él pasa el filtro. Un mensaje que solo te conviene a ti, no.
En una barbería, "te toca corte" pasa el filtro: dentro de un mes tendrá el pelo largo, se lo iba a plantear igualmente. "Esta semana 20% en todos los servicios" no lo pasa: eso solo te interesa a ti porque es un martes flojo. La diferencia no está en el tono ni en la simpatía del mensaje. Está en si el motivo de escribir existe fuera de tu caja registradora.
- Nace de cuándo vuelve a necesitarlo, no de cuándo te viene bien a ti
- Funciona igual de bien la primera vez que la vigésima
- No cansa: cada mensaje llega cuando toca, no cuando decides tú
- Nace de tu caja, no de su necesidad
- Cuanto más se repite, menos confianza da: parece que sin descuento no vendes
- Sirve una vez, no como costumbre
Cual elijo: Construye el aviso de calendario como mensaje por defecto para todo cliente que repite. Guarda la oferta para el que ya se fue del todo: ahí no queda ciclo que avisar, solo un motivo puntual con fecha de caducidad para que vuelva antes de olvidarte.
Esto no es solo para negocios con cita. Si vendes algo que se acaba -una crema que dura dos meses, pienso para el perro, cápsulas de café- el ciclo lo marca el propio producto: el momento de escribir es cuando está a punto de terminársele, no antes y no un mes después de que ya haya comprado en otro sitio por no encontrarte.
Cómo no depender de tu memoria
- 1Anota la fecha de cada venta
En una libreta, una hoja de cálculo o el propio historial de pedidos. Sin fecha no hay ciclo que calcular, y sin ciclo solo te queda adivinar cuándo escribir. - 2Pregunta a tus clientes cada cuánto repiten
No lo inventes desde el mostrador un lunes cualquiera: si haces cortes de pelo, casi todos vuelven entre cuatro y seis semanas; si es fisioterapia de mantenimiento, entre dos y tres. El ciclo lo pone el oficio, no tu intuición. - 3Escribe cuando se cumple el ciclo, no antes
Si escribes a los quince días de un corte que dura seis semanas, molestas. El mensaje solo tiene sentido cuando empieza a hacerle falta lo que le vendiste. - 4Propón un hueco, no una pregunta abierta
"¿Te viene bien el jueves o el viernes?" se contesta en un segundo. "¿Cuándo quieres venir?" obliga a pensar, y lo que obliga a pensar se posterga hasta que se olvida.
- Un criterio para decidir si escribes: ¿le interesaría esto aunque no fuera a comprarte nada?
- El aviso de calendario, no la oferta, es el mensaje por defecto para quien ya te compró
- Dos datos por cliente bastan: la fecha de su última compra y el ciclo típico de tu oficio
- El mensaje ofrece un hueco concreto, no pregunta cuándo le viene bien
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