Lovable nació en Estocolmo como GPT Engineer y se renombró cuando pasó de proyecto abierto a producto. Le cuentas la aplicación que quieres y te devuelve una app entera en React, con pantallas, formularios y flujos, no una página suelta. Cada mensaje que le mandas consume créditos, y los planes se diferencian sobre todo en cuántos créditos tienes al mes. Tiene una edición visual muy cómoda: haces clic en un botón de la propia página, cambias el texto y listo.
Su gran acierto es que no te encierra. El proyecto se sincroniza con un repositorio de GitHub en las dos direcciones, así que un programador puede seguir trabajando fuera con su editor de siempre. Para guardar datos y usuarios ofrece Lovable Cloud o tu propia cuenta de Supabase. Y desde el modo agente, la herramienta planifica, lee su propio código, prueba lo que ha hecho y corrige errores sin que se los pases tú. Es de las más completas de su categoría para fabricar aplicaciones.
Ahora la otra cara. Cuando Lovable termina, lo que tienes es software: un repositorio, una base de datos, unas funciones. Para que cobre hay que conectar Stripe con sus claves; para que mande un recordatorio hay que programarlo; para que conteste por WhatsApp hay que integrar la API de Meta; para que Google te encuentre hay que hacer el trabajo de siempre. Todo se puede. Todo lo tienes que hacer tú, o alguien que sepa. YODAI parte de otra pregunta: no «qué app quieres» sino «qué negocio tienes», y eso cambia lo que sale.