Poner precios
Un descuento con fecha de caducidad, no un precio nuevo
Sales de esto con una oferta lista para mandar: fecha y hora de cierre, precio tachado junto al nuevo, destinatario elegido y la certeza de que el lunes el precio vuelve a subir de verdad.
Pones un cartel: 20% de descuento. Vendes más esa semana. Pero al mes siguiente alguien te pregunta por qué ya no está la oferta, y te da miedo contestar. Si la quitas, parece que has subido el precio. Si la dejas, ese pasa a ser tu precio de verdad, y el de antes se te olvida hasta a ti.
Pasa también al revés: alguien mira tu web, calcula el precio, cierra la pestaña y dice luego lo miro. Ese luego casi nunca llega, porque nada en la página le obligaba a decidir hoy en vez de la semana que viene.
El problema no es descontar. Es no saber cuándo se acaba. Un descuento sin fecha no es una oferta: es una rebaja permanente que tú mismo no te atreves a llamar por su nombre.
La fecha hace el trabajo, no el número
Lo que empuja a decidir hoy no es lo grande que sea el descuento. Es que exista un momento en el que se acaba. Un 10% que termina el domingo a las 23:59 convence más que un 30% por tiempo limitado, porque el segundo no tiene límite de verdad: nadie sabe cuándo se va, así que nadie tiene prisa.
La fecha tiene que ser un día y una hora, no una temporada. Hasta el domingo decide. Este verano no decide nada, porque el verano dura tres meses y el cliente puede volver cualquier tarde de agosto.
El tamaño del descuento lo decides después, mirando tu margen, no mirando lo llamativo que suena el número. Un 10% con fecha cerrada vende más que un 40% que se queda ahí para siempre, porque el segundo deja de leerse como oferta a la semana de estar puesto.
- El cliente lo aprende como tu precio real en dos semanas
- Deja de sentirse como una oferta: es solo el precio
- Si algún día lo quitas, es una subida de precio a ojos de quien ya compró antes
- Obliga a decidir esta semana, no la que viene
- El precio de catálogo no se toca: pasada la fecha, vuelve solo
- Puedes repetirlo en otro momento del año sin que nadie diga que siempre está de oferta
Cual elijo: Elige la fecha límite si quieres vender más esta semana sin tocar tu precio de siempre. Elige el descuento fijo solo si de verdad quieres cambiar tu posicionamiento, por ejemplo entrar más barato en una zona nueva donde nadie te conoce todavía. Fuera de ese caso, el descuento fijo solo te quita margen para siempre a cambio de nada.
A quién se lo mandas, no a quien ya iba a venir
Si mandas el descuento a toda tu lista, regalas margen también a quien ya tenía la cita pensada para esa semana. El descuento gana su sentido cuando llega a quien lleva tiempo sin volver o a quien miró el precio y no reservó: a ese le falta el empujón, no a quien ya iba a pagar el precio entero.
Mira tus últimas reservas antes de mandarlo: si la mitad de la lista son clientas de cada semana, sepáralas. A ellas no les hace falta la oferta para volver, así que dársela es tirar margen sin motivo.
Cuánto te cuesta de verdad
El descuento no sale del precio: sale de tu margen. Si un corte + tinte te cuesta 20€ en tinte, tiempo y producto, y lo cobras a 50€, tu margen es de 30€. Si le haces un 15% de descuento, el precio baja a 42,50€, pero tu margen baja a 22,50€: un 25% menos de lo que ganas, no un 15%.
Por eso el descuento correcto no es el que suena bien, es el que tu margen aguanta sin dejarte trabajando casi gratis esa semana. Si el coste del servicio pesa mucho sobre el precio, un 10% ya duele; si pesa poco, un 20% te deja margen de sobra para que merezca la pena el esfuerzo de avisar y cobrar.
Montarlo lleva diez minutos. Primero, un motivo y una fecha concretos: no rebajas de otoño, sino hasta el domingo 13. Segundo, el precio de antes tachado junto al de ahora, para que se vea lo que se ahorra, no solo lo que se paga. Tercero, dilo donde ya te ven, la web, el WhatsApp, el cartel de la puerta, y no lo dejes escondido en un correo que nadie abre. Cuarto, cuando pase la fecha, sube el precio de verdad. Si no lo subes, el descuento nunca existió: era el precio de siempre disfrazado de oferta.
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- Fecha concreta con hora, no una temporada entera
- El tamaño del descuento lo decide tu margen, no lo llamativo del número
- Manda la oferta a quien duda, no a quien ya iba a reservar
- Precio tachado y mensaje claro, en el sitio donde ya te ven
- Pasada la fecha, el precio sube de verdad, y no lo repites cada mes
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